Hace más de 2 años del inicio de la pandemia del COVID-19 y, aunque los casos actualmente se encuentren controlados, los expertos advierten de la importancia de adoptar medidas preventivas ante el primer otoño sin mascarillas, en el que además se avecina un repunte de casos por gripe estacional. Una de estas medidas es contribuir al funcionamiento normal de nuestro sistema inmune.
Este otoño, será el primero en el que nos enfrentemos a ambos virus respiratorios sin las medidas preventivas implantadas para el control de la pandemia. Aforos limitados, distancia de seguridad y el uso de mascarillas son medidas que, durante mucho tiempo, nos han ayudado a prevenir los contagios no solo del virus SARS-CoV-2 y sus variantes como Ómicron, sino también del virus de la gripe.
Para podernos mantener fuertes frente al COVID y la gripe que acechan en esta época, podemos adoptar algunas acciones que contribuyan al funcionamiento de nuestro sistema inmune en condiciones normales.
El sistema inmune, formado por una red compleja de células, tejidos, órganos y sustancias, se encarga de ayudar al cuerpo a combatir infecciones, virus y otras enfermedades.
Por tanto, un sistema inmunitario normal es sinónimo de salud y de un menor riesgo a contraer infecciones y a desarrollar patologías graves. No obstante, en ocasiones puede que nuestro sistema inmunitario no actúe como debería y podemos detectar algunos signos que nos dan pistas sobre ello.
¿Qué afecta al funcionamiento normal de nuestro sistema inmune?
Son diversos los factores que pueden llegar a debilitar nuestra inmunidad frente al ataque de patógenos:
- Una mala alimentación, basada en abundancia de alimentos procesados con alimentos azucarados, grasas y con un exceso de sal, influyen de manera negativa en el funcionamiento normal del sistema inmune. La descompensación de nutrientes puede provocar deficiencias en la proliferación de las células inmunitarias.
- La falta de sueño. Mientras dormimos, el sistema inmunitario libera un grupo de proteínas llamadas citocinas, que son importantes en el crecimiento y control de la actividad de células del sistema inmune. En definitiva, si existe una falta de sueño, puede afectar directamente en la manera en la que regulan la respuesta inmunitaria.
- El sedentarismo. La falta de ejercicio de forma regular se relaciona con la aparición de obesidad, enfermedades cardiovasculares o un alto colesterol. Todas estas afecciones perjudican gravemente a nuestro sistema inmune, llegando a reducir la capacidad de los glóbulos blancos para combatir agentes externos.
- Largos periodos de estrés en los que nuestro cerebro aumenta la producción de cortisol. El cortisol es una hormona que se libera como respuesta al estrés y, si se mantiene en niveles elevados constantes, produce efectos negativos en las funciones de las células de todo el cuerpo, deteriorando también la función de las células que combaten las infecciones.
Un sistema inmune debilitado
Si nuestro sistema inmune no funciona normalmente, derivado muchas veces de la suma de los factores anteriormente mencionados, pueden aparecer síntomas como:
- Infecciones respiratorias y resfriados frecuentes.
- Otras infecciones que se convierten en recurrentes (infecciones de orina, periodontitis o infección en las encías…).
- Alergias.
- Cansancio constante.
- Complicaciones de dolencias aparentemente leves, que se alargan en el tiempo.
¿Cómo contribuir al funcionamiento normal de nuestro sistema inmune? Prepárate para los cuadros gripales y otras infecciones este otoño
Mantener una dieta adecuada. Como hemos mencionado, la dieta es una parte fundamental en cuanto al mantenimiento del sistema inmune. Por ello, no es algo que debamos solo cuidar una vez caigamos enfermos, sino que debemos adoptar una alimentación saludable dentro de nuestro estilo de vida.
Una dieta variada y equilibrada, reducida en grasas saturadas, compuesta por frutas y verduras que aporten todas las vitaminas y minerales, pescados azules, frutos secos y el consumo regular de lácteos fermentados como yogures o kéfir, puede mejorar nuestra respuesta inmune.
Ejercicio físico regular. El sedentarismo no aporta nada positivo a nuestra salud, por ello, siempre dentro de las posibilidades personales, el ejercicio físico moderado y regular mejorará nuestra calidad de vida, manteniendo nuestro sistema inmune en condiciones normales. Además, el ejercicio físico también se relaciona con el control del estrés, del que os hablamos en el siguiente punto.
Mantener el estrés a raya. El estrés tiene una gran cabida en nuestra sociedad actual y son diversas las evidencias que indican que el estrés conduce a una capacidad disminuida para combatir infecciones (Sánchez M, et al., 2006). La meditación, la práctica de ejercicio regular e incluso está demostrado que ¡la risa!, son solo algunas de las acciones con las que podemos ayudar a controlar nuestros niveles de estrés.
Conseguir un sueño de calidad. Existe correlación entre las alteraciones del sueño y perturbaciones del sistema inmune. Por ello es necesario conseguir un sueño reparador de aproximadamente 10 horas al día durante nuestra adolescencia, y de 7-8 horas cuando entramos en la edad adulta.
En el contexto de pandemia y gripe en el que nos seguimos encontrando, y en especial para los colectivos de riesgo (personas mayores de 65 años, personas con enfermedades crónicas, embarazadas, profesionales de la salud o del ámbito sociosanitario, entre otros), el correcto funcionamiento del sistema inmunitario es primordial.
Junto al resto de medidas, el complemento alimenticio CoVitality®, es un excelente refuerzo gracias a su composición basada en la Lactoferrina, Probióticos Bifidobacterium Lactis BI-04®, Vitaminas C y D, Minerales (Selenio y Zinc) y Vitaminas del grupo B (B6 y B12). Con un único comprimido al día, será suficiente para contribuir al funcionamiento normal de nuestro sistema inmune.
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